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¡SANTIAGO DEL MORO ME HUMILLÓ DELANTE DE TODOS EN UNA ESTACIÓN DE SERVICIO! ¡Hola! Me llamo Matías, tengo 37 años. Vivo en Buenos Aires con mi esposa Valentina y nuestra hija Emilia, de 12 años. ❤️ Tenemos un departamento propio, bastante chiquito, pero todavía estamos pagando el crédito hipotecario. Todos los meses me preocupa si vamos a poder pagar la próxima cuota a tiempo. Laburo prácticamente sin días libres, pero últimamente siento que ya no doy más, ni física ni económicamente. 😔 En Argentina los precios no paran de subir. Cada vez que vamos al supermercado con mi esposa, nos damos cuenta de que los productos de siempre volvieron a aumentar. Y encima tenemos una hija que está creciendo, a la que hay que alimentar, vestir y comprarle todo lo necesario para el colegio. Trabajo con mi propia camionetita Renault Kangoo. Todos los días reparto paquetes y pedidos de tiendas online por Buenos Aires y sus alrededores. Normalmente me levanto a las cinco de la mañana, voy al depósito, cargo la camioneta con cajas y salgo a hacer las entregas. Durante el día tengo que recorrer decenas de kilómetros, bancarme el tránsito, cargar paquetes pesados y andar siempre a las corridas para entregar todo a tiempo. Vuelvo a casa tarde, muchas veces completamente agotado. A veces ni siquiera llego a pasar un rato con Emilia porque ella ya se está yendo a dormir. Mi esposa Valentina trabaja de cajera en un supermercado Coto. Ella también pasa todo el día parada, atendiendo clientes, y después de su turno vuelve a casa y se ocupa de nuestra hija. Los dos laburamos, pero nuestros sueldos apenas alcanzan para lo indispensable. La mayor parte de la plata se nos va en la cuota del crédito hipotecario, la comida y los servicios: luz, gas, agua e internet. Aparte tenemos que guardar plata para los útiles escolares, la ropa y las zapatillas de Emilia. Y encima está mi camioneta. La nafta, el seguro, los cambios de aceite, los frenos, las cubiertas y los arreglos constantes se come