4.9 ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️
Casi me matan por hacer un trabajo honesto. Me llamo Roberto y, desde chico, fui el sostén de mi familia. Mi viejo se mueve en silla de ruedas y mi mamá trabajó toda la vida en un pequeño café. Plata en casa nunca sobró, más bien todo lo contrario. Por eso, a los 16 años me arremangué y empecé a laburar en la construcción. En 20 años vi de todo, pero el golpe más duro llegó cuando acepté remodelar una casa grande cerca de Buenos Aires. Me habían prometido buena plata, así que puse mis ahorros, contraté gente, compré materiales y arrancamos con el trabajo. Cinco meses después estaba todo terminado. Había llegado el momento de cobrar. A la noche aparecieron unos tipos de la empresa. Les mostré el trabajo y, con total tranquilidad, me dijeron: «Según los papeles, esta propiedad pertenece a otra empresa. No te vamos a pagar nada». Me saqué: «¡Me da igual! El trabajo está terminado. Tengo que pagarle a la gente y saldar las deudas de los materiales y las herramientas». Entonces uno de esos grandotes me pegó una trompada en la cara y me dijo: «O te vas de acá sin un peso, o esto termina peor». No tenía opción. Me fui. Sabía que mi mamá no iba a soportar tener que cuidar a otro inválido. 😞 Me dejaron con una montaña de deudas que crecía todos los meses. En ese momento pensé que se me había terminado la vida. Durante los dos años siguientes seguí laburando como un animal. Volví a vivir con mis viejos para que alcanzara la plata para todos y trataba de tapar como podía ese agujero interminable con el banco. Un día me llamaron para hacer un arreglo chico en el garaje de una casa impresionante en Nordelta. Mientras estaba trabajando, vi estacionar una Lamborghini frente a la casa. Se bajó un tipo un poco más joven que yo, se sacó los anteojos, me miró y gritó: «¡Che, vení! Vamos a comer algo, debés estar muerto de cansancio». Me senté con Marco en la terraza del fondo. Yo me sentía hecho un desastre: todo transpirado y cubierto de cemento. 😅 «Tranqui», me dij