Big Bass Floats My Boat Slot
Hoy una mujer vino al banco para saldar su deuda antes de tiempo y se echó a llorar justo delante de mi ventanilla. Al principio pensé que había pasado algo. Luego vi la cantidad que tenía en su cuenta. 🤯 Me llamo Tiago, tengo 34 años y llevo casi siete años trabajando en un banco de Madrid. Durante todo este tiempo he visto todo tipo de situaciones, pero creo que recordaré durante mucho tiempo a la clienta que vino hoy. Se llamaba Lucía. Se acercó a mi ventanilla y dejó unos documentos delante de mí. — Quiero saldar completamente mi deuda. Abrí sus datos. Importe pendiente: 14.870 € — ¿Quiere hacer el próximo pago o liquidar todo el importe? — Todo. Volví a mirar la pantalla. — ¿14.870 € en un solo pago? Asintió. Empecé a tramitar la operación. Y de repente Lucía se tapó la cara con las manos y se echó a llorar. Me quedé desconcertado. — ¿Está todo bien? Tardó unos segundos en tranquilizarse. Después me miró. — Sí. Es solo que llevo dos años esperando el momento en el que pudiera ver un cero aquí. Después de escuchar aquello, sentí curiosidad. Mientras el sistema procesaba la operación, empezamos a hablar. Resultó que aquella deuda no había sido por comprarse un coche ni por irse de vacaciones. Simplemente no le llegaba el dinero para vivir. Lucía criaba sola a su hija. El alquiler. La electricidad. La compra. Los gastos del colegio. Se le estropeó la lavadora. Después tuvo que pagar una reparación del coche. Al principio utilizaba la tarjeta de crédito. Luego pidió un pequeño préstamo para pagar lo que debía de la tarjeta. Unos meses después tuvo que volver a pedir dinero prestado. — Llegó un momento en el que cobraba el sueldo y ya sabía de antemano que prácticamente todo iba a desaparecer entre facturas y deudas. Todavía le quedaban casi 15.000 € por pagar. Le pregunté: — Entonces, ¿cómo es posible que hoy pueda pagarlo todo de golpe? Lucía me miró y sonrió. — Si se lo cuento, no me va a creer. Sacó el móvil. Unas semanas antes, una noche estaba tumbada en casa