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Me llamo Sergio Navarro, tengo 29 años. Vivo en Sevilla con mi mujer, Elena, y con mis niñas: Martina, de nueve años, y Sofía, de seis. Soy de Sevilla. Cuando Elena y yo empezamos a vivir juntos, hicimos distintos trabajos: almacén, limpieza y repartos. Queríamos construir una vida independiente y encontrar nuestra propia rutina. Con el tiempo, las cosas se estabilizaron. Encontré un puesto como técnico de mantenimiento en una empresa de producción y Elena empezó a trabajar en una tienda de ropa. Unos años después compramos una pequeña casa adosada. Desde entonces aprendimos a organizar bien los gastos: los pagos de la casa, la compra semanal, las actividades de Martina y Sofía y, cuando era posible, algo para ahorrar. Pero a principios de 2026 mi empresa inició una reorganización y mi etapa allí terminó. Empecé a trabajar por cuenta propia, pero ganaba menos que en mi empleo anterior. También me apunté a un curso de actualización profesional. Mientras tanto, hacía pequeños trabajos de mantenimiento. Elena y yo revisamos el presupuesto y aplazamos algunas compras que no eran urgentes. No era la etapa que habíamos imaginado, pero teníamos un plan. Yo me ocupaba de las solicitudes de empleo y del curso, y entre los dos organizábamos las responsabilidades de casa. Una noche, después de cenar, Martina y Sofía estaban jugando en su habitación. Elena se sentó a mi lado en el sofá y hablamos de cómo organizar la semana. Más tarde, mientras miraba Facebook, encontré una publicación sobre una aplicación de juegos. Me dio curiosidad y abrí la página para leer la información. No buscaba una alternativa al trabajo. Al día siguiente seguía teniendo solicitudes que enviar y una clase del curso. Decidí probar con una cantidad pequeña que había reservado para ocio. Dejé claro desde el principio que no añadiría más. Al principio, el saldo subía y bajaba. Algún premio pequeño, varios intentos sin resultado. Estaba pensando en cerrar cuando se activó una función de bonifica