sivevoryl.icu
Mi vida cambió en solo 11 días 🤯 Sigo sin tener claro si está bien contarlo públicamente, pero después de darle muchas vueltas con Carla decidimos hacerlo. Seguramente no seamos la única pareja joven pasando por esto ahora mismo. Me llamo Sergio, tengo 27 años. Vivíamos en un piso pequeño en Badalona. Cada mañana sonaba el despertador a las 5:40. Bajaba al bar de abajo a pillar un café con leche y un bocata, y me montaba en la furgoneta de reparto de Consum. Rutas por todo el área metropolitana: Barcelona ciudad, Hospitalet, Santa Coloma, Cornellà, Esplugues… Atascos brutales en la Ronda Litoral, en la B-20, portales sin ascensor, clientas cabreadas porque el pedido llegaba tarde o porque “el pan de molde no es el de siempre”. Carla trabaja de jefa de sección en uno de los supermercados de mi ruta. Más de una vez me había echado la bronca por el walkie cuando se me acumulaba el tráfico. Entre los dos rondábamos los 2.700-3.000 € al mes en los mejores meses. El alquiler del pisito de 50 m² en Badalona nos comía 920 €. Sumando luz, gasolina, comida, cigarrillos y ayudar un poco a mis padres en Murcia… al final del mes apenas quedaban 150-250 euros. Íbamos sobreviviendo, nada más. Hasta que la cosa se torció del todo. Carla se quedó embarazada. Al principio fue una alegría inmensa. Pero a las pocas semanas el casero nos subió 110 euros el alquiler. Se me estropeó la furgoneta (cambio de embrague y turbo: 720 €). Las facturas subieron como la espuma. De estar justos pasamos a estar ahogados. Empecé a pedir dinero por aquí y por allá, primero a amigos, luego a la familia. El peor día fue un miércoles por la tarde. Llamaron al timbre. Abrí en chanclas y Carla detrás, con la barriga ya empezando a notarse. El casero ni saludó: —Tenéis hasta el lunes para poneros al día con todo. Si no, ya sabéis: desahucio y a la calle. Me quedé en blanco. Los vecinos del pasillo mirando, puertas entreabiertas… Sentí una humillación y un pánico que no se pueden explicar. Me veía a