👉
«Me dejó cuando no tenía un peso... y ahora vuelve arrastrándose y llorando para pedirme volver. Me llamo Octavio Cordero, tengo 32 años. Soy de un pueblo de mierda en la provincia de Chaco. Allá laburo no hay, hermano: o te matás rompiéndote el lomo cosechando al rayo del sol, o dependés de alguna changa tirando carretilla en algún galpón. En ese momento mi jermu, Agustina, me dejó así nomás. Me tiró que estaba podrida de esperar a que yo "levante cabeza". ¡¿Y eso que me mataba laburando desde las 6 de la mañana?! Con la espalda hecha pelota en el barro, cargando bolsas de cemento hasta quedar reventado, pero la guita no te rinde un carajo. Lo poco que ganaba apenas me alcanzaba para pagar una piecita de cuarta y comer arroz con un huevo frito todas las noches. Andaba en una torta vieja, un Fiat Uno baqueteado que se me recalentaba a cada rato. Ni hablar de comprarle un vestido lindo o una cadenita de oro, y llevarla a pasear a Mar del Plata era una utopía total, hermano. Hasta que un día la tipa armó los bolsos, me tiró las llaves arriba de la mesa y me recitó en la jeta: — “Octavio, sos alto pajero y un fracasado. Ya me cansé de vivir como un linyera esperando un milagro. ¡Yo me merezco una vida de rico, no pudrirme en este pueblo de mierda!” Y se rajó con un cheto de Buenos Aires que manejaba un Honda Civic cero kilómetro. En ese momento se me apagó el mundo, hermano. Una separación así te deja el bocho destruido y hecho trizas. Me quedé solo en esa ratonera alquilada, tapado de deudas, con las boletas de la luz vencidas y los del banco hinchándome las pelotas todo el día. Laburaba en dos lados, dormía cuatro horas por día y tenía las manos hechas pelota. A la noche me sentaba en el piso, tomándome un mate lavado, re caliente pensando por qué mi suerte era tan puta. Cuestión que un día, estando de descanso en un bodegón y mandándome un pucho, me puse a chusmear Facebook. En un grupo de changas y laburos, vi la publicación de un pibe que contaba cómo había levant