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Mi esposo se fue con otra mujer cuando nuestro hijo tenía solo seis años. Aquella noche me quedaban únicamente 34 euros en la tarjeta y faltaban siete largos días para cobrar el sueldo. Artem tenía fiebre alta y a la mañana siguiente tenía que comprarle los medicamentos. Pensé que era el final. Pero entonces todo cambió. Me llamo Inna Stoica. Tengo 29 años y vivo con mi hijo en un pequeño piso de alquiler en Madrid. Trabajo como administrativa en un salón de belleza y gano aproximadamente 1.180 € al mes. Mi esposo y yo nos casamos cuando yo tenía 23 años. Estaba convencida de que había encontrado a la persona con la que pasaría toda la vida. Alquilamos un piso, compramos muebles, financiamos un coche y soñábamos con comprar nuestra propia vivienda. La mayoría de los contratos y préstamos estaban a mi nombre. Él siempre me decía: —No te preocupes. Somos una familia. Yo le creía. Pero una noche volvió a casa, hizo la maleta y me confesó que llevaba varios meses con otra mujer. Ni siquiera pidió perdón. Simplemente se marchó. Me quedé sola. Con un hijo pequeño. Con el alquiler. Con la letra del coche. Con las facturas. Y con un préstamo de Banco Santander, que quedó completamente a mi nombre. Entre el capital pendiente, los intereses y los gastos acumulados, la deuda alcanzó los 47.983,39 €. Después de pagar todo lo imprescindible apenas me quedaba dinero. Contaba cada euro. A veces permanecía varios minutos delante de una estantería del supermercado intentando decidir si comprar fruta para Artem, leche o algo para cenar yo. Muchas veces le decía: —Mamá ya ha comido en el trabajo. Pero en realidad le estaba dando mi comida. Mis padres viven lejos y hacen todo lo posible por ayudarme, aunque tampoco tienen muchos recursos. Cada tarde recogía a Artem, preparaba la cena, le ayudaba con los deberes, lo bañaba y lo acostaba. Después me sentaba sola en la cocina frente a un montón de facturas y lloraba en silencio para que no me oyera. Lo peor