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💔😤 19.000 PESOS EN LA TARJETA, A MI HIJO SE LE ESTÁN ROMPIENDO LAS ZAPATILLAS Y LA CAJERA DEL CARREFOUR ME SUSURRÓ: «TRANSACCIÓN RECHAZADA» Pensé mucho antes de escribir esto. Porque todavía me da vergüenza acordarme de esa noche. Me llamo Valentina Navarro. Tengo 33 años, vivo en Buenos Aires, en el barrio de Flores, y crío sola a mi hijo. Se llama Leo. Tiene ocho años. Para los turistas, Buenos Aires es el Obelisco, Caminito, las calles lindas, el café en las terrazas y las fotos frente a los edificios antiguos. Pero para mí, Buenos Aires es el colectivo que otra vez viene atrasado. El alquiler que se come la mitad del sueldo. La cola del supermercado después del trabajo. Y el miedo constante de que mi hijo pida algo normal y yo tenga que decirle otra vez: — Hoy no, mi amor. La próxima. Trabajo como vendedora en una tienda de ropa en el centro. No es una boutique. Es un local común. Doblo remeras, cuelgo camperas, ordeno los probadores después de los clientes, sonrío aunque por dentro ya esté quemada. Mi sueldo es de 740.000 pesos. El alquiler del departamento chico es de 380.000. La SUBE. La luz. El gas. El comedor de la escuela. Los remedios, porque Leo se enferma seguido en invierno. La comida. Y encima un préstamo viejo, de cuando me separé y tuve que mudarme a las apuradas y comprar al menos una cama, una heladera y un placard. El padre no desapareció de un día para el otro. No hubo una gran escena. Primero fue «este mes no puedo ayudar». Después, «eso lo vemos más adelante». Después vinieron una nueva novia, una nueva vida y un nuevo número de teléfono. Y nosotros seguimos en la vida vieja. De alguna manera, fui tirando. Es lo que una hace cuando cría sola. Aunque sienta que no va a poder. El mes pasado, las zapatillas de Leo empezaron a abrirse. Primero un poquito de costado. Después cada vez más. Lo noté cuando estaba haciendo la tarea en la cocina y movía el pie debajo de la mesa. La suela estaba casi a la mitad despegad