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Mi mujer me dijo: «No estás enfermo, simplemente te estás haciendo mayor». Casi la creí. Eso fue hace seis meses. Estábamos sentados en la terraza. Ella tomaba su café con leche. Yo callado. Sabía lo que pensaba. Sabía que quería decir algo. Al final lo soltó: «Javier, esto es normal a los 52. Todos los hombres pasan por esto». Asentí. Hasta sonreí. Pero por dentro algo se rompió. O sea, que ya está. Ya soy viejo. --- Empezó hace un año. La primera vez pensé: estoy cansado. Había currado todo el día, me tomé un par de cervezas. Normal. La segunda vez: otra vez estrés. Otra vez cansancio. La tercera ya no me podía engañar. Algo no iba bien. --- ¿Sabéis qué es lo peor? No es que no funcione… ahí abajo. Lo peor es cómo te mira tu mujer. No con enfado. No con reproche. Con comprensión. Y esa comprensión te mata más que cualquier acusación. Porque significa que ella también lo cree: este eres tú ahora. Mayor. Acabado. --- Me convertí en un jubilado con 52 años. Me levantaba por las noches para ir al baño: tres, cuatro veces. Por la mañana, sin erección. Ninguna. Ya me había acostumbrado. En el trabajo, irritable. Agotado. Mi mujer me decía algo y yo le contestaba mal. Y por las noches, sentados como dos desconocidos. Ella con su serie en la tele. Yo haciendo como que leía el periódico. Pero en mi cabeza solo una cosa: Ya no soy un hombre. --- Buscaba en internet a las 2 de la madrugada. «Disfunción eréctil 52 años» «Cómo recuperar la potencia» «Por qué no tengo erección causas» En todas partes lo mismo: edad, estrés, sobrepeso, alcohol. Deja el tabaco. Adelgaza. Haz más ejercicio. Lo intenté todo. Dejé de fumar: aguanté dos semanas, luego volví. Compré vitaminas para hombres en la farmacia: las tomé dos meses, nada. Hasta fui al urólogo. Me daba vergüenza hasta entrar en la consulta. Me hicieron pruebas. La próstata algo agrandada, pero «normal para su edad». Me recetó Cialis. «Le va a ayudar». --- La primera vez lo tomé un viernes po