Relato de ficción. No me dolió ver que Marta tenía dinero. Me dolió recordar que un mes antes yo le había prestado para llenar la nevera. Nos conocemos desde hace años y las dos vivimos en Valencia. Marta compartía piso, debía dinero y cada fin de mes hacía cuentas para saber qué recibo podía pagar primero. Una noche me pidió ayuda para comprar comida y le envié cincuenta euros. Después desapareció casi por completo durante unas semanas. Cuando le escribía, respondía con un «Estoy bien, de verdad» y cambiaba de tema. Un viernes me invitó a cenar. Al ver la dirección pensé que se había equivocado. Ya no vivía en el piso compartido. Me abrió la puerta de un apartamento que alquilaba ella sola. Había flores sobre la mesa, comida en la cocina y ni una palabra sobre deudas. Marta me preguntó si estaba bien. Me quedé mirándola porque un mes antes era yo quien le hacía esa pregunta. Finalmente le dije: «Marta, explícame qué ha pasado». Sacó el móvil y me enseñó varios ingresos