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🚨 En una sola noche liquidé más de $ 18.000.000 en deudas, tres financieras truchas y a los cobradores que me llamaban más seguido que mi ex. Con mis últimos $ 25.000 saqué más de $ 38.000.000 — y por primera vez en dos años me dormí sin la calculadora de cuotas en la cabeza. Me llamo Maria Restrepo, soy enfermera en el Hospital Fernández acá en Buenos Aires. Y te quiero contar sobre una noche en particular, porque fue justo ahí donde cambió todo. Era una de esas guardias nocturnas en las que salís sin acordarte ni cómo te llamás. Cerca del amanecer perdimos a un abuelo de la sala 4 — le sostuve la mano hasta el último suspiro. Entré al vestuario, me senté en el banco y, en ese segundo exacto, el celular empezó a vibrar. La décima llamada de un número desconocido en lo que iba del día. El estudio de cobranzas. Una voz re simpática de la operadora preguntándome cuándo iba a pagar la cuota vencida y avisándome que ya entraba en el Veraz. Yo estaba ahí, todavía con el ambo puesto, sintiendo todavía la mano fría de alguien que acababa de morir, y esa mina me hablaba de intereses punitorios. Ni siquiera me dio bronca. Solo me dije en voz baja: Maria, tocaste fondo. Fisicamente no hay más abajo de esto. Y te tiro los números reales para que entiendas la profundidad del pozo: • $ 3.800.000 — el primer préstamo rápido, para pagar el depósito del alquiler y la mudanza. • $ 7.500.000 — el segundo, que saqué para tapar el primero y arreglar el auto, porque si no no tenía cómo llegar a las guardias a la madrugada. • $ 5.200.000 — el tercero, solo para poder comprar comida a fin de mes con un sueldo que se me iba enterito al banco el mismo día que me lo depositaban. Más el giro en descubierto reventado y el pago mínimo de la tarjeta que te come viva con los intereses. Mes a mes pagaba solo intereses. La deuda principal no bajaba un peso y, te juro, parecía que se me reía en la cara. Esa noche no pegué un ojo. Estaba scrolleando en Facebook como un zombi y me crucé con l