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💔 NOS FUIMOS DE ESPAÑA PARA SOBREVIVIR. NO PARA SOÑAR 💔 Me llamo Sofia Rodrigues. Tengo 21 años. Nací en Valencia. A los 18 me fui de casa. No porque fuera valiente. Sino porque quedarse daba más miedo. Mi novio, Marc, tenía 20 años. Familias complicadas, trabajos temporales, cero apoyo. Hicimos lo que hacen miles de jóvenes españoles. Nos fuimos. Francia. Lyon. Un estudio vacío en las afueras. Un colchón en el suelo. Una mesa que alguien nos regaló. Dos mochilas y algo de dinero de trabajos ocasionales. Marc encontró trabajo en un almacén logístico. Turnos interminables. Cajas pesadas. La espalda cansada como si tuviera cuarenta. Yo entré a trabajar en una lavandería industrial. Vapor. Químicos. Las manos quemadas. Volvía a casa oliendo a detergente y con un silencio enorme por dentro. El dinero solo alcanzaba para lo básico. Alquiler. Comida barata. Transporte. No hacíamos planes. Solo resistíamos. Un día llamaron a la puerta. Era nuestra vecina, francesa, un poco mayor que nosotros. Traía una caja. — Ya no lo necesitamos. Quizá os sirva. Dentro había ropa y zapatos. No eran nuevos. Pero estaban limpios. Sentí vergüenza. Y alivio al mismo tiempo. Tomamos un café, hablamos de empezar de cero en otro país. Antes de irse dejó un papel con el nombre de una aplicación y dijo: — A veces la salida aparece donde menos la esperas. Asentí, pero no lo creí. Pasaron unas semanas. Y ocurrió algo que lo cambió todo. Me quedé embarazada. Marc tuvo miedo. Intentó ser fuerte. Pero un día hizo la maleta y se fue. Me quedé sola. Con 21 años. En un país que no era el mío. Con un bebé en camino. Nació Mateo. Y entonces empezó la verdadera supervivencia. Trabajo de día. Limpieza de oficinas por la noche. Él dormía en un cochecito viejo a mi lado mientras yo cerraba los ojos cinco minutos antes de volver a levantarme. Cuando cumplió seis años me preguntó: — Mamá, ¿por qué no tenemos coche? — ¿Por qué nunca vamos al mar? Sonreí. Luego lloré en el baño para que