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En mayo me faltaban $340.000 ARS para el alquiler. En octubre me compré la camioneta. La misma calle abajo de casa, y sigo en la caja cobrando productos. 🤯 Me llamo Ana María, tengo 28 años, trabajo de cajera en un supermercado en Moreno y crío sola a mi hijo Mateo, que tiene cinco años. Contrato a tiempo parcial por agencia, cobro la hora justa, nada de días por enfermedad ni vacaciones pagadas. Si no te presentás al turno, no te pagan. Horarios rotativos, o desde las seis de la mañana o hasta las diez de la noche, sábados y domingos casi siempre. Todo organizado alrededor de una sola cosa: llegar a tiempo a buscar a Mateo. No estaba en la calle, que quede claro. Tenía laburo, tenía un techo. Solo que todos los meses los números no cerraban. El alquiler, la nafta, la factura del celular, el jardín, las cuotas de la tarjeta por cosas de Mateo que no tendría que haber sacado a crédito, Mercado Pago las noches que después del turno no tenía fuerzas para cocinar, y lo que quedaba se lo comía el descubierto del banco que vengo arrastrando desde el 2023. El padre de Mateo se acuerda de la cuota alimentaria cuando le conviene. Dejé de contar con eso hace rato. Después en mayo llegó la carta del dueño. El alquiler subía de $550.000 a $650.000 al mes. Cien mil pesos parecen poco hasta que entendés que eran prácticamente toda tu reserva. Y un desalojo no es solo mudarse. Es cambiarle el jardín a Mateo, cambiarle todo a lo que está acostumbrado. Era eso lo que no me dejaba dormir. Llamé a Anses, no me corresponde ninguna ayuda porque tengo trabajo registrado. Llamé a la agencia para pedir más horas, nada hasta la próxima tanda. Entonces hice lo que hacen muchos por acá. Llevé a una cueva de empeño los aros, la cadenita y la pulsera que me quedaban de los mejores tiempos. Me dieron $380.000 ARS por todo. Alcanzó para una semana. Después se venció la VTV, y con lo que encontró el mecánico salía $860.000 ARS. La estiré y anduve así dos semanas, rezando para que no me parara un c