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Me la jugó mi propio socio. Pues sí, no pensaba que fuera posible, o al menos que me pudiera pasar a mí. Llevo años operando, tenía mi comunidad y un buen día aparece el que luego sería mi ex socio para proponerme montar una empresa juntos. ¿Por qué me eligió precisamente a mí? No es por presumir, pero con mi comunidad Veritas Trading, durante años, sabía perfectamente lo que hacía. Operaba cada día, formaba a gente cada día solo por el gusto de hacerlo… en mi LinkedIn siempre he tenido bien a la vista los certificados de los resultados conseguidos con mi trabajo (algo que, mira por dónde, no tiene nadie). Y así, sobre el papel, yo era el perfil perfecto para montar una empresa en este sector. Él se encargaba del marketing y yo me encargaba de hacer, como siempre, mi trabajo cada santo día. Hasta que un día me puso el número delante. Me explicó cuánto podríamos facturar si yo dejaba de decir ciertas cosas en directo, si la gente se quedaba dentro más tiempo sin entender de verdad, si la formación la daba más ligera. Porque su modelo funcionaba mejor con gente que no aprende. Y ahí entendí una cosa: a él no le hacía falta un trader. Le hacía falta una cara. Le dije que no. Y ese no no le costó nada, porque simplemente empezó a ocupar mi puesto de trader… ¡pero sin serlo! Causando bastantes problemas. Ahí dije BASTA, y yendo contra todo y contra todos decidí hacer quizá lo más justo: enseñar lo que estaba pasando y quitarme de en medio, con pelos y señales. Dejé allí todo lo que habíamos construido. Salí con lo mismo con lo que había entrado: mi trabajo. Ahora por fin tengo otra vez mi comunidad entre las manos, controlada únicamente por mí, volviendo a hacer mis directos con la gente y dando la formación como la quiero dar yo. Hoy dentro de Veritas Trading estoy yo, yo y nadie más. Están mis directos diarios, está mi contacto directo y sobre todo está la formación que estoy volviendo a regalar, con más de 60 horas de curso hechas enteramente por mí.