4.9 ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️
Me llamo Miguel Lopez, pero todos me dicen Miguel. Tengo 39 años, soy de la provincia de Córdoba, de Villa María, si ubicás dónde queda. Hace siete años que laburo por mi cuenta con mi Iveco, pero dejame arrancar desde el principio, porque si no, no se entiende. Antes, durante unos nueve años, trabajé como chofer para una empresa de transporte mediana de Córdoba. Estaba bien, el sueldo llegaba a tiempo, pero tampoco te ibas a hacer rico. Mi mujer, Carla, siempre me decía: —Miguel, te pasás todo el día arriba del camión. ¿Por qué no probás trabajar por tu cuenta, como tu tío Ricardo? Al final, en 2019, me animé. Saqué financiado un Iveco Stralis 2016 usado en un concesionario Iveco de Córdoba. Motor de 460 caballos, caja automática. Un camión buenísimo, pero caro de mantener. La cuota del financiamiento estaba atada al valor del camión y me terminaba saliendo más o menos el equivalente a 900 dólares por mes. A eso sumale seguro, papeles, peajes, cambios de aceite, cubiertas... Al principio, la verdad, no me iba mal. Hacía viajes por toda Argentina. A veces me mandaba hasta Mendoza, Rosario o Buenos Aires y, cada tanto, cruzaba la frontera para Chile. Tengo dos hijos: Mateo, de 10 años, y Sofía, de 7. Alquilábamos una casita en las afueras de la ciudad. Después tenías la luz, el gas, la comida, la escuela, los cuadernos, las mochilas... Dentro de todo, nos arreglábamos. Pero a partir de 2022 la cosa empezó a ponerse fea. El gasoil aumentó tanto que no lo podías creer. Los peajes también se fueron por las nubes. A veces terminaba haciendo un viaje prácticamente a pérdida. Pero si no agarrás la carga, el camión queda parado y no entra un peso. Los clientes te pagaban a 60 días. Algunos, a 90. Pero la cuota del camión, el seguro, el gasoil y los peajes había que pagarlos ayer. Y lo peor de todo era que prácticamente no veía mi casa. Salía el lunes bien temprano y volvía el sábado a la noche. A veces, recién el domingo. Mis hijos ya se habían acostumbrado a que papá estuv