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Llevo dos entradas en la mano para la final del Mundial, tío. ¡Qué pasa, gente! Me llamo Miguel, tengo 37 tacos y soy de Madrid. Soy el pringao que vio una entrada para la Roja y se dijo: «Hostia, tengo que ver esto en directo como sea». Currando de repartidor en Mercadona. No soy ni jefe ni estoy en la oficina: me paso el día metido en la furgo, cargando pedidos, sorteando atascos de la M-30, buscando aparcamiento en calles imposibles y subiendo escaleras con bolsas hasta arriba. La espalda me cruje, los hombros me pesan y las rodillas ya protestan cada mañana. Pero bueno, es lo que hay. Este curro es el que da de comer a mi familia. Mi mujer es Laura. Tenemos dos churumbeles: Pablo, de 9 años, y la peque Lucía, de 6. Alquilamos un piso de tres habitaciones en Vallecas. La renta nos clava 1450 euros al mes. Yo, después de hacienda, traigo a casa unos 1850 euros. Laura echando horas de camarera saca otros 750. Entre los dos rondamos los 2600 euros para los cuatro. ¿Parece que se puede vivir? Vamos a las cuentas reales: Alquiler: 1450 € Luz, agua, gas y demás: 280 € La compra del mes: 620 € Colegio, ropa, transporte y gasolina de la furgo: 420 € Al final nos quedan unos 830 euros para imprevistos y poco más. El año pasado al Pablo le pillaron problemas de vista. Gafas y visitas al oculista: 420 euros que tardé casi tres meses en juntar. Luego se rompió la lavadora: otros 550. Y como guinda, el casero nos subió el alquiler 120 euros. Ahora mismo debo 8200 euros: lo que pedí a mi hermano cuando las cosas se pusieron feas, más un par de apaños urgentes con la familia. Pago lo mínimo cada mes, pero la deuda no baja casi nada, solo engordan los intereses. Y mientras tanto, España está en el Mundial con una selección que te cagas. Yo soy rojiblanco de toda la vida. En 2010 me volví loco celebrando en la calle. En 2012 y 2024 lo del Euro también. Ahora solo pienso en ver a la Roja en un Mundial en directo. El sueño era claro: estar allí. 19 de julio de 20