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Todavía no me lo creo, tío. Ayer, 19 de julio de 2026, estaba en el sector 141, fila 22, asiento 8 del MetLife Stadium en Nueva York y vi cómo España se coronaba campeona del mundo, joder! ¡Campeones del mundo, coño! Me llamo Miguel, tengo 37 tacos, soy de Madrid. Currando de repartidor en Mercadona, dando vueltas con la furgo, cargando cajas, puteando en los atascos de la M-30 y contando cada euro como si fuera el último. Hace un par de meses mi mujer Laura, los dos chavales (Pablo de 9 y Lucía de 6) y yo íbamos justos, viviendo en un pisito de alquiler en Vallecas. Deudas de 8200 euros, alquiler de 1450 al mes… cada mes era una puta ruleta rusa. Y ayer estaba ahí, gritando ¡España! hasta quedarme sin voz, abrazándome con gente que no conocía de nada y llorando como un gilipollas cuando metimos el gol de la victoria. ¡España campeona del mundo, hostia! ¿Cómo cojones llegué hasta allí? La misma historia de siempre, pero esta vez con final feliz. Hace dos semanas estaba de madrugada en la cocina sin poder dormir. Vi un post de un chaval que había levantado un pastón en una aplicación. Primero me reí: «Otro timo de los de siempre». Pero luego… pues me la jugué con los últimos 20 euros que me quedaban. Y, colegas, me tocó 57.300 euros. No os miento. El dinero cayó en media hora. Me quedé sentado en la silla llorando como un crío. Al momento cerré todas las deudas, le mandé 13.000 pavos a Laura con un mensaje: «Ahora todo va a cambiar, mi vida». Pagué el alquiler de un año por adelantado. Les compré ropa decente a los niños, no la mierda más barata. Y lo más grande: compré billetes para el Pablito y para mí para la final + el vuelo. Ayer estuvimos allí. De verdad. Aquí va la foto que saqué desde mi asiento justo antes del partido: Todavía se me pone la piel de gallina. Canté el himno a pleno pulmón, grité hasta quedarme afónico y cuando metimos el último gol abracé a Pablo y me quedé así un minuto entero sin poder ni hablar. Ahora estamos en el hotel, hoy