Martín Alejandro Fernández — в показе 8 дн

Martín Alejandro Fernández с 2026-10-07 · картинка · 🇪🇸 испанский
Кадр рекламы Martín Alejandro Fernández
в показе, дней 8
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⭐⭐⭐⭐⭐ 4.9

Me quedé sin laburo a los 51 años. Con 28 años de fábrica a cuestas, una gotera que no paraba de caer, $15.000 en el bolsillo… y ayer se me terminó el ídolo de toda la vida. Me llamo Martín Alejandro Fernández. Tengo 51 años y soy de San Martín, Provincia de Buenos Aires. Acá en el barrio siempre olió a fierro, a grasa de máquina y a trabajo pesado. Entré a la metalúrgica a los 22, a la misma donde laburaba mi viejo. Quería ser como él: ponerme el mameluco azul, ensuciarme las manos, escuchar el ruido de los tornos y volver a casa sabiendo que me había ganado el pan. Fueron 28 años metido ahí adentro. Conocía el sonido de cada balancín de memoria. No falté ni un solo día, ni siquiera cuando volaba de fiebre. Hasta que un martes cualquiera los portones amanecieron cerrados con candado. El dueño quebró. Nos dijeron: “Quédense tranquilos, van a cobrar la indemnización completa”. Esa plata todavía la estoy esperando. Trabada en juicios que no avanzan mientras la inflación se come todo. A mi edad, en este país, sos un viejo para el mercado laboral. Nadie te da una oportunidad. Y justo ayer, cuando pensaba que no podía estar peor, lo vi en la tele. Messi. El mismo al que seguí desde que era un pibe flaquito en Newell’s. El que me hizo gritar, llorar, saltar en la cancha improvisada del barrio y en la casa de mis viejos. El que me acompañó en cada domingo de almuerzo, en cada laburo de noche, en cada momento jodido. Ayer anunció que se retiraba. Se terminó. Para siempre. Me quedé mirando la pantalla con el mameluco todavía puesto, sucio de grasa, con una cerveza a medio tomar y un nudo en la garganta que no me dejaba tragar. Parecía que se me iba algo más que un jugador. Se me iba una parte de mi vida. Vivo con mi mujer, Silvia, en la casita que fuimos levantando de a poco, ladrillo por ladrillo, cuando el país era otro. Ahora ella se toma el tren Mitre todos los días a las cinco de la mañana para ir a limpiar casas a Capital. La veo llegar a la noche arrastrando los pi

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