Aqui está o tal jogo 👉
Me llamo Laura, tengo 32 años. Seis años me reventé laburando como una condenada en un geriátrico en Buenos Aires, y al final me enteré de que mi marido le compró una casa a su nueva mina con mi plata. No hace falta que me lo imaginen. Yo lo viví. Laburaba en un geriátrico privado en el barrio de Flores. Doble turno. Noches. Días. Andaba en un auto viejo sin aire por todo el Gran Buenos Aires para no gastar en arreglos. Comía barato y no me compré ropa nueva en años. Cada día de cobro le mandaba el 80% de la guita a mi marido, Marcos. Estábamos construyendo nuestra casa familiar en Córdoba. Contaba cada peso. Ni una sola vez me salté una transferencia. Seis años seguidos. El martes a la mañana mi prima me mandó una captura de pantalla. Marcos se había casado en secreto con otra mientras yo me rompía el lomo acá. La casa estaba toda a su nombre. En la foto de Facebook estaba parado en la puerta de "nuestra" casa con las llaves, y al lado una mina embarazada que en mi vida había visto. Yo estaba sentada en el cuarto de descanso del laburo mirando la pantalla. Después abrí la app del banco. Saldo disponible: 45.000 pesos. Y encima un crédito personal de 8 millones que había sacado para pagar "nuestro" techo y la terminación. Bloqueé a Marcos. Después lo desbloqueé. Después lo volví a bloquear. Le mandé un mensaje. No contestó. Ya había bloqueado mi número unos días antes. Me encerré en el depósito y me quebré. No lloré nomás. Lloré a los gritos. Me dolían las costillas de tanto sollozar. Esa noche no dormí. Ni la siguiente. Ni la otra. Igual iba a laburar. Bañaba a los viejos, cambiaba las sábanas, repartía la comida. Y entre pieza y pieza me metía al baño a llorar. Todos los días. Cinco días seguidos. Al sexto día me encontró Carmen. Es la enfermera jefa del mismo geriátrico. Tendrá unos cincuenta, petisa, gritona, todos le tienen un poco de miedo, pero yo la quiero mucho. Me miró los ojos hinchados, me agarró del brazo, me llevó a una habitación vacía, me